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Razas Caninas
Siberian Husky
La Crianza de los Siberianos
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CRIANZA Criar perros es algo más que juntar un macho y una hembra "a ver qué sale". Es un proceso de selección cuidadoso en el que debemos elegir a los reproductores con unos criterios estrictos y unas ideas claras de lo que buscamos. No consiste tampoco en cruzar campeones, sino en tratar de averiguar, objetivamente, si nuestra hembra puede aportar algo a la raza (o al menos dejarla como estaba), y buscarle un macho que complemente sus cualidades. Si se hace con ilusión e interés en la mejora de la raza, no solo no proporciona beneficios económicos, sino más bien al contrario, supone un gasto considerable (es un hobby, no un modo de ganarse la vida, lo contrario sería fabricar perros). Pero además debemos cuidar de la salud tanto de los reproductores como de los cachorros, y sobre todo, vigilar su carácter, que es el que hace de esta raza algo único. Además, hay que trabajar con los cachorros para que sean sociables y acepten a las personas como algo agradable en su mundo, exponerlos a numerosos estímulos que hagan que los perros sean despiertos y seguros de sí mismos, y finalmente buscarles un propietario que sepa lo que se está llevando y les dé las mejores condiciones de vida posibles. Aquí hay que hacer un inciso. Antes de decidirnos a criar, debemos saber algunas cosas. La primera, el motivo que nos lleva a cruzar a nuestra perra. Si es para seguir el famoso consejo “las perras deben criar al menos una vez en su vida”, mejor nos abstenemos. Es absolutamente falso, tanto el dicho en sí como todas aquellas barbaridades que se afirma le pueden ocurrir si no lo hacemos. Este dicho es el pilar fundamental de las numerosísimas camadas mal colocadas (o directamente abandonadas/sacrificadas) que hay por todo el país, tanto de perros de raza como mestizos. Y de la enorme cantidad de animales que abarrotan las perreras y albergues. No colaboremos a incrementar las estadísticas. Según estudios de diversas protectoras, al menos el 30 % de cada camada PLANIFICADA será abandonado a su suerte, mal regalado o sacrificado (ese porcentaje aumenta al 70% si la camada es accidental). Eso, sobre 7 cachorros de promedio, equivale a dos cachorros mínimo (hasta 5 cachorros si la monta fue un accidente). De dos a cinco animales cuya suerte y destino eran nuestra responsabilidad. Por lo tanto, no crucemos a nuestra perra si no estamos totalmente seguros de varias cosas: no lo hacemos por la perra. Podemos mantener a los cachorros los meses que sea preciso en nuestra casa, hasta asegurarnos que cada uno de los nuevos propietarios es absolutamente idóneo. Y aun así, firmar un contrato que nos permita recuperar al animal si se quieren deshacer de él o no lo cuidan como es debido (lo que implica la posibilidad de tener que acoger por tiempo indeterminado a algún perro adulto). Que somos capaces de mantener contacto con los nuevos dueños a lo largo del tiempo. Si creemos que no nos será posible cumplir estos requisitos, es mejor no embarcarnos en esto; por el buen rato de tener un par de meses una camada en casa, habrá al menos dos perros que van a llevar una vida poco menos que desgraciada (y a veces muy corta), y es nuestra responsabilidad. Lo mismo si somos dueños de un macho y queremos cruzarlo “para que se desfogue”. Ese concepto es absurdo, en el momento en que realice una monta, su deseo de repetir aumentará considerablemente (y en algunos casos, también su agresividad), y también somos parcialmente responsables del destino de esos cachorros. Si crees que exagero, pásate por la bolsa de adopciones de Proyecto Nórdico, el banner está en el menú de Inicio. Muchos perros disponibles para adoptar, la mayoría huskies, y con un innegable aspecto de ser puros (el cruce no fue casual). Esos animales, en su mayoría menores de 3 años, no salieron de debajo de una piedra, alguien planificó su llegada al mundo, y luego los dejó a su suerte en manos de algún irresponsable o impulsivo que se deshizo del “problema” en cuanto le pareció bien, sin más miramientos. No son todos los que están, y unos cuantos se encuentran en perreras donde son sacrificados a los pocos días de su ingreso, ya que casi nadie quiere "complicarse" la vida con perros de mala fama, y menos siendo ya adultos. Si no deseas criar, o piensas que la responsabilidad es enorme, enhorabuena, estás tomando una decisión muy acertada. Ya hay muchos huskies abandonados o malviviendo atados a casetas mediante cortas cadenas, metidos en jaulas diminutas o cuadras o garajes o balcones de por vida. Optemos por esterilizar a nuestro animal, no solo se evitan nacimientos no deseados, sino que la calidad de vida del animal (sobre todo para las hembras) mejora considerablemente. Esto sí está comprobado. Además, en zonas rurales donde nuestra perra puede fugarse en época de celo y ser cubierta por varios perros de la zona, el porcentaje es aun más desalentador: cuando la camada es accidental, el porcentaje de abandonos futuros sube hasta el 70 % (porque los cachorro se regalan al primero que pase, y lo antes posible, solo se busca deshacerse de ellos). La única manera de evitar esto de modo fiable, es operando al perro/a.
Dicho esto hay que tener en cuenta que el 90 % (o más) de los cachorros van realizar una función meramente de compañía (aunque luego participen en actividades de competición de cualquier tipo), y el nuevo propietario busca en un cachorro belleza en un primer instante, pero pasada la euforia inicial, lo que realmente se valora es la salud y el carácter del animal. Y todo esto debemos mirarlo intentando mantener una tipicidad morfológica (no tiene sentido que sean todos campeones si tienen cataratas o son tímidos, ni tampoco que sean de excelente carácter y salud, si miden 70 cm a la cruz y tienen el pelo más largo que un samoyedo). Así pues, criar es algo complejo que requiere tiempo, espacio, dinero, paciencia y mucho sentido común. Una vez elegida la pareja, y contrastados sus pedigrees, debemos asegurarnos de que cumplen determinadas condiciones: - Chequeo de caderas (para toda la vida) que descarte displasia de cadera, y de ojos (una vez al año) que nos indique que el perro no padece problemas hereditarios propios de la raza. Que ande perfectamente o sus ojos tengan buen aspecto a simple vista no es un argumento, las enfermedades degenerativas pueden tardar años en dar síntomas, o no evidenciar nada, pero pasan aumentadas de grado a la siguiente generación. - Ausencia de taras menores (distrofia del folículo piloso, dermatosis por carencia de zinc....) que si bien no restan mucha calidad de vida al animal, son un engorro para el propietario. - Carácter propio de la raza, mediante la realización del algún test de carácter (monográficas de la raza). - Aptitudes para el trabajo. Un perro de trineo que no quiere trabajar no es muy útil. Es posible que el nuevo dueño nunca se entere, pero es preferible criar perros que sirvan para trabajar, ya que esos genes quedan ahí para generaciones futuras. En España no hay test para probar esto (TAN, o test de aptitudes naturales, en otros países), pero si trabajamos con los perros sabremos cuáles son trabajadores y cuáles no son aptos para tirar. - Tipicidad morfológica. El husky debe parecerlo, además de portarse como tal. Una visita a alguna exposción (preferiblemente con juez especialista) nos ayudará en esto. El listón se lo puede marcar cada cuál. El Club de Nórdicos pide un Muy Bueno (mínimo) para otorgar el Apto para la Cría. Una vez hecho todo esto, ya tenemos a los futuros papás. Aun queda mucho trabajo. La madre debe ser alimentada de modo muy especial, sobre todo durante la lactancia (los cachorros de husky son como sanguijuelas, y las camadas, de 6-8 cachorros como algo normal), debe estar correctamente vacunada y hay que desparasitarla periódicamente durante la gestación y lactancia. Hay que disponer de un lugar de su agrado para tener a los cachorros recogidos y seguros. Cuando la camada llegue, empieza quizá lo más bonito: los cachorros deben ser manipulados con frecuencia y cuidadosamente, de modo que vayan conociendo el olor y el tacto humano, y más adelante, los ruidos y aspecto de las personas. Cuando los pequeños tengan cierto tamaño (unas 4 semanas), deben conocer más gente, además de al criador y su familia. Vecinos, amigos, y si es posible, niños (que sepan manejarse con perros, y no les hagan ningún daño) vendrán gustosos a saludar a los pequeños. Con esa gente deben jugar, recibir comida, y ser acariciados y manipulados. Buscamos con esto que el futuro husky sea adorable y confiado con toda la especie humana, como correspone a su raza. Si se les acaricia ampliamente el dorso mientras se susurra alguna palabra (por ejemplo muy bien, o tranquilo), obtendremos unos cachorros muy receptivos a las caricias y comandos verbales. También es conveniente empezar a exponerlos a situaciones más o menos cotidianas en cualquier casa (es decir, si están en jardín, conviene que vayan entrando en el hogar, eso sí, muy vigilados para prevenir accidentes), que sepan lo que es una escalera o una televisión o una puerta es algo muy positivo. Si exponemos al cachorro a numerosos estímulos aprenderá muy rápido cómo comportarse, y permanecerá siempre atento a nuevos aprendizajes, manteniedo despierta su inteligencia (los perros con muy baja estimulación durante sus primeros meses de vida se muestran como adultos torpes, de lento aprendizaje, incapaces de asimilar novedades, y a menudo con miedo a cualquier cambio). No debemos olvidar "explicarle" que hay más perros en el mundo aparte de mamá y los hermanitos. Si disponemos de más perros, perfecto, si no los perros de las amistades harán un buen sustituto, siempre cuidando el tema de las posibles infecciones. El estar con más perros les enseña que hay que comportarse de modo diferente con cada uno (no todos tienen la paciencia de mamá), que hay un lenguaje corporal que utilizar para comunicarse, que hay unas normas que respetar....en suma, que son perros y que deben conducirse por la vida como tales. Un cachorro que se cría aislado a menudo no reconoce a la especie canina como a sus semejantes, por lo que da grandes muestras de miedo ante otros perros, ignora cómo interpretar los mensajes que los demás le envían, y a menudo tampoco sabe cómo enviar los suyos para ser entendido. Suelen aparecer además alteraciones del comportamiento de difícil solución, como que el cachorro no aprende a inhibir la dureza del mordisco durante el juego, con lo que de adulto hace daño sin darse cuenta. Conforme los cachorros crecen, hay que asegurarse de que reciben una dieta de calidad apropiada a su edad, de que son desparasitados y vacunados según indique el veterinario, y es el momento de valorar las relaciones que hay entre ellos con vista a determinar su carácter de cara al futuro propietario. No nos olvidemos de resolver el papeleo (Estándar). Finalmente, llegado el momento de venderlos, debemos valorar a cada uno de los compradores, asegurándonos de que podrán hacerse cargo del pequeño durante toda la vida de éste, explicándoles detalladamente las cualidades de la raza (un perro que se vende con el criterio de "es muy bueno y cariñoso", sin dar más datos, tiene todas las papeletas para cambiar en meses de manos, o acabar en la perrera o abandonado, por incompatibidad dueño/raza), dándole algunas indicaciones sobre el manejo, y ofreciéndonos a resolver toda duda futura que pueda surgir. No deberían separase de su madre antes de las 10-12 semanas, tanto por cuestiones de aprendizaje como de salud. No cederemos ante el que quiera llevarse a la bolita de un mes, por nosotros (es muy probable que el perro sea atípico en carácter) y por el propio perro (obviamente se puede reservar un cachorro determinado). Si todo esto figura por escrito, mejor. La madre debe recibir mucha ayuda nutricional tras el destete (a los dos meses del parto pierden mucho pelo y quedan muy delgadas, debido al gran esfuerzo realizado). Y si fuera posible, no deberíamos perder contacto con los nuevos dueños. Además necesitaremos sus datos para enviarles los papeles del cachorro (conviene entregar una fotocopia de la inscripción de la camada. Si añadimos una del pedigree de los padres y de sus certificados de libre de displasia, de enfermedades oculares, del test de carácter y el apto de cría, mejor). Y para finalizar, jamás, bajo ningún concepto, regalaremos los cachorros. No importa que no tengamos interés en el dinero (que por otra parte es como debería ser, nuestra perra no es una vaca o una cerdita). Los cachorros deben cobrarse. Podemos pedir lo justo para cubrir vacunas, chip y pedigree, por ejemplo. Pero no regalarlos. La gente no valora lo que es gratis, y esa palabra atrae a todo tipo de caprichosos e impulsivos que acuden con la idea de “qué bien, es gratis”, sin pensar en nada más. Muchos de los perros que se abandonan fueron en su día regalados. Evidentemente el hecho de cobrar algo no garantiza que el nuevo dueño sea de fiar , pero elimina a un importante grupo de “personas” a las que es mejor no ceder un perro bajo ningún concepto. Comentarios (0)
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