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Problemas de Comportamiento - Agresividad por dominancia PDF Imprimir E-Mail
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Este problema es uno de los que aparecen con más frecuencia en la convivencia con perros. Si bien hay razas predispuestas, por su temperamento, a presentarlo (cocker, pekinés, rottweiler, mastín…..), y su prevalencia es mayor en machos, puede aparecer en todos los individuos y en ambos sexos, ya que se trata, más que de un problema del perro, una consecuencia derivada de un manejo erróneo por parte del propietario, que genera una percepción equivocada en el animal de cuál es el entorno en el que vive, y le lleva a responder, siempre según el punto de vista de un perro, a lo que él interpreta de modo incorrecto.

Las razas predispuestas necesitan de un manejo más cuidadoso y firme, especialmente cuando se trata de animales de gran tamaño, pues la respuesta más frecuente de los perros que padecen este problema suele ser la agresión, más o menos intensa y en más o menos contextos cotidianos, generalmente a miembros de su grupo familiar

Para corregir este problema con cierta seguridad, debemos tener en cuenta que se debe modificar DE MANERA PERMANENTE el modo de manejar y de dirigirse al perro. Nunca se deben aplicar castigos como modo de reeducar a un perro, y menos aun como respuesta a sus amenazas o agresiones. El resultado puede ser fatal, sobre todo si se trata de un perro de gran tamaño. Los niños, que difícilmente pueden comprender lo que ocurre (especialmente los más pequeños), deben ser siempre supervisados por un adulto cuando se relacionen con el perro. JAMÁS DEBE DEJARSE SOLO A UN NIÑO CON UN PERRO, no importan lo noble que sea ni que nunca haya dado un problema. A veces las señales que envía un perro sobre sus intenciones nos pasan desapercibidas, y todos tenemos días malos o cosas que no toleramos. La mejor manera de evitar un accidente, es prevenirlo con todos los medios a nuestro alcance.

Por tanto, en perros con este problema, se evitará el contacto con niños mientras se toma el control de la situación, y se permitirá posteriormente, si se cree oportuno, solo con supervisión de quien mejor controle al perro, y siempre indicándole al niño cómo debe dirigirse al animal, estando siempre muy pendiente de las señales de incomodidad que el perro mande, y respetándolas si aparecen (dejándole tranquilo). En todo caso, jamás se le castigará en presencia de niños, haga lo que haga (normalmente el efecto del castigo suele ser el contrario al deseado, y por tanto sumamente perjudicial), y siempre se le animará y premiará (a ser posible con comida apetitosa) cuando se muestre tranquilo o amistoso con niños. Es también muy adecuado que sean los propios niños quienes le premien con frecuencia.

Si sus reacciones son francamente negativas (hay perros que tras sufrir las travesuras de algún niño de cachorros no pueden aceptar que se les acerque ninguno), es responsabilidad del propietario mantener al perro bajo control en todo momento, impidiendo el acceso de niños a su entorno. Modificar el comportamiento de agresión hacia niños normalmente es posible, pero requiere una supervisión muy estrecha y siempre entraña un cierto riesgo que es preferible no asumir.
 
A) MANEJO GENERAL

Para poder modificar el entorno que ha llevado al perro a la agresión, debemos primero entender cómo vive y asimila un perro el mundo que le rodea. Normalmente el mordisco es la consecuencia final de un fallo en la comunicación entre el animal y las personas de su entorno, pues existen en el perro muchos mecanismos encaminados a evitar las agresiones.

El perro es un animal gregario y social, al igual que el caballo o el ser humano. Y por tanto ha desarrollado una serie de normas y señales para utilizar con sus congéneres y facilitar la convivencia. Los animales gregarios conviven también entre sí, y el conocimiento y respeto de esas normas y señales es lo que permite que dicha convivencia sea satisfactoria. El perro es un perro, y no puede sobrepasar su naturaleza. Debemos huir de los tópicos, de las concepciones erróneas del tipo “lo entiende todo”, o “solo le falta hablar”, que le despojan de su verdadera naturaleza y le obligan a ser lo que no es, con la consecuente problemática que suele acarrear dicha situación.

El perro trata de responder, con sus mecanismos y desde su punto de vista, a un entorno que se empeña en tratarle como lo que no es, y así aparecen los conflictos, que a menudo le sobrepasan, no dejándole más opción que una respuesta violenta ante una situación que ni entiende ni sabe controlar. No está en su mano el cambio, pues él tan solo se limita a interpretar (bajo su punto de vista) las señales que recibe de su entorno y de su grupo familiar, y a responder en consecuencia. Es por tanto nuestro deber cambiar las señales que le enviamos al perro y modificar su entorno para que resulte comprensible desde su punto de vista, y así pueda responder del modo que esperamos a nuestra compañía, logrando así la convivencia deseada.

Para el perro el grupo debe organizarse de modo piramidal. En esa pirámide, de al menos dos estratos (en grupos grandes, más de dos), solo un individuo puede situarse en la punta. Y ese individuo, que no es el más fuerte ni el más viejo, sino el más experimentado, se ocupará de proteger, guiar y proveer a la manada. Esta estructura es modificable, en tanto que el que está arriba puede ser destituido, pero es impensable cambiar su forma: siempre tiene que haber alguien arriba.

Cuando nuestro perro entra en casa, especialmente si es un cachorro, busca en su entorno familiar al individuo que ocupa la posición superior, y le sigue y acepta su liderazgo. Cuando NADIE (humano) ocupa este puesto, el perro se ve obligado a colocarse en la posición más alta, ya que el puesto no puede quedar vacante. El cachorro, tras varios meses de recibir señales que le indican que no hay nadie liderando el grupo, se tiene que ocupar de ello, y es a la edad de 12-18 meses, aproximadamente (varía por razas), cuando se empiezan a notar las consecuencias de este hecho
 

 
Cuando el perro se cree más o menos capacitado para ser el líder (hay perros, que debido a un carácter seguro y confiado, tienen interés en ser el jefe), y alguien de su grupo familiar le lleva la contraria, ignora sus señales de mando o le discute alguna cosa, refuerza aun más sus señales, y si se le sigue contradiciendo, opta por la agresión como medida desesperada para recolocar a cada uno en su sitio.

Por tanto un enfrentamiento directo no solo conllevará una agresión-respuesta aun más intensa, sino que en caso de que “ganemos”, no modificará la situación de riesgo, pues son muchas las señales engañosas que le mandamos al perro en cada momento del día a día, que le llevan a considerar que él es el líder, y que nada ha cambiado.

Conocer e interpretar esas señales nos permitirá mandárselas al perro de modo cotidiano, obligándole, sin enfrentarnos físicamente a él, y por las buenas, a replantearse el estatus que él mismo se ha otorgado, siempre llevado por las circunstancias: si desde pequeño hubiese recibido las señales correctas, es muy probable que jamás se hubiese planteado la idea de ocupar el puesto más alto, y por tanto los problemas no habrían aparecido al no existir motivos para disputas o conflictos.

Así que la estrategia, a partir de ahora, es que TODAS las personas que se relacionen con el perro le manden señales de dominancia/liderazgo. Eso le colocaría automáticamente en el lugar más bajo de la pirámide (ya que todos estarán por encima de él, siendo la persona que más lo cuida quien se coloque en la cumbre), y evitará los episodios de agresión que han motivado el problema.

Lo primero es empezar a fijarse en las señales que manda el perro para comunicarse. El perro disfruta de un enorme repertorio de señales, visuales (posición del cuerpo, con respecto a otros, y de cada una de las partes visibles), olorosas (feromonas), auditivas e incluso táctiles. Las olorosas quedan fuera de nuestro alcance, y las auditivas, en este caso, son poco relevantes. Las señales se combinan entre sí, y hay que interpretarlas en un contexto, ya que por sí solas pueden ser equívocas. Por ejemplo, el tópico del perro que mueve la cola = perro amistoso no siempre es cierto. Hay que valorar el resto del cuerpo.

Dedicaremos un tiempo a reconocer esas señales (visuales principalmente) y a ver cuáles son las que más emite nuestro perro (en su relación con distintas personas), y las tendremos muy en cuenta, tanto por el hecho de que nos indican su estado de ánimo hacia nosotros o hacia su entorno inmediato, como por el hecho de que nosotros podemos emitir muchas de esas señales para comunicarnos con él y facilitar la convivencia.

En algunas razas, tanto por motivos anatómicos como quirúrgico-estéticos, la interpretación de muchas señales puede ser complicada. Hay que manejarse con precaución en estos casos. Las orejas caídas, especialmente las de gran tamaño, los rabos amputados, las orejas cortadas, las razas con mucha piel en la cara, o con la piel de la cara muy tensa (expresividad limitada en ambos casos), los mantos muy largos o negros…..dificultan el envío de señales (y en consecuencia la comunicación). Algunos perros son conscientes de sus limitaciones, y compensan acentuando otras señales que sí son visibles, pero otros no, y eso facilita la aparición de conflictos.

Éstas son las señales más habituales y visibles:


Orejas: son un importante indicativo del estado de ánimo del animal. Son muy móviles y generalmente visibles en lo alto de la cabeza, por lo que hacen de “banderines”. Las orejas altas y bien pinadas sobre el cráneo, mirando hacia delante, indican un animal seguro de sí mismo y decidido. Si se ladean pero aun están altas, el animal titubea. Si se repliegan sobre la cabeza y hacia atrás, de modo más o menos acentuado, indican sumisión o aceptación amistosa, más cuanto más se exagere el gesto. Con acompañamiento de otras señales, puede ser un indicativo de miedo/pánico. Si el perro tiene las orejas caídas o amputadas, la interpretación de estas señales se hace más difícil, a veces imposible.


               
Ojos: para comunicación cercana. La dirección de la mirada y el que estén abiertos o no, así como su tamaño, son aspectos relevantes. El perro que desafía mantiene la mirada fija en los ojos del desafiado. Es peligroso mirar fijamente a un perro desconocido o que haya presentado problemas de agresión por dominancia. Los ojos muy abiertos suelen indicar miedo. Si las pupilas (punto negro del centro del ojo) están muy dilatadas, dando el efecto “ojo verde” (la retina, que en perros de ojos castaños es verde, queda expuesta totalmente y refleja la luz), la vulgarmente calificada como “mirada de loco” se asocia a situaciones de pánico. El parpadeo frecuente indica situación de estrés o nerviosismo. El apartar la mirada de un objetivo tras establecer contacto visual (solo moviendo los ojos, o en ocasiones girando o bajando toda la cabeza) es una señal de apaciguamiento/amistosa. A menudo suele ir acompañado de un cierre de ojos acentuado.

Boca: los perros pueden sonreír, curvando la comisura de los labios hacia arriba, y en ese caso la señal es amistosa. Cuando la comisura labial se estira hacia atrás en horizontal, rebela tensión. Si además hay un elevamiento más o menos evidente de los labios (con exposición parcial o total de los dientes/encías), es un claro indicativo de aviso de agresión.  El bostezo, una señal muy frecuente en perros y muy vistosa, indica apaciguamiento, es un modo de repeler amistosamente una posible agresión leve por parte de otro individuo.



Lengua: la lengua también es un indicador del estado de ánimo del perro. Cuando se lame la nariz, es una señal de sumisión/calma. Cuando jadea de modo evidente, goteando incluso saliva (en un contexto no asociado a calor o ejercicio), es un claro indicativo de ansiedad/miedo.



Cabeza: la posición con respecto al resto del cuerpo también indica cosas. Si se lleva muy alta y con el cuello rígido, es un animal desafiante. Si se lleva alta pero relajada, el animal está confiado. Si va horizontal, normalmente es neutro. Si la lleva baja (fijándose también en otras señales coherentes con estas), suele indicar miedo/apaciguamiento. Si huele el suelo de modo aparentemente al azar, indica nerviosismo y desea calmar la situación. Cuando ladea la cabeza con respecto a lo que tiene delante (a veces solo ladean la mirada), indica acercamiento amistoso.

                                                                                   


Patas: el modo de andar del perro también es significativo. Cuando el perro presenta un movimiento elástico y fluido, está relajado y seguro de sí. Cuando el movimiento es envarado y rígido, a menudo en pasos muy cortos y lentos, es un animal desafiante y potencialmente agresivo. Si anda de modo indeciso, con las extremidades flexionadas y adelantando mucho la cabeza, tiene miedo. Cuando avanza de modo intermitente, tumbándose entre cada avance, y con la barriga pegada al suelo, está cazando o jugando a cazar. ¡OJO¡: los perros que presentan esta posición de caza cuando ven niños, bicicletas, etc., pueden ser peligrosos, y mucho. El perro que agrede por defenderse, por miedo, o por conservar su posición, hace daño (más o menos intenso según diversos factores), pero esa es su intención final, provocar miedo y algo de dolor en el contrario para que se retire. El perro que caza busca matar a su “presa”, y además lo hace en silencio y enviando esas señales (acecho/avance agazapado) como único aviso, con lo cual puede hacer un gran destrozo en un momento. Si nuestro perro presenta además ese tipo de comportamiento hacia personas, debemos aplicar otro manejo distinto para evitar un desenlace fatal.
 
                                                           

Cola: al igual que las orejas, hacen de banderín visible a mucha distancia. Y de nuevo debe interpretarse su posición y movimientos contemplando al perro en su conjunto. La cola alta y rígida indica seguridad. Si está muy tensa (llegando incluso a aplastarse contra el lomo) es desafiante y señal de fuerte tensión. Si la mueve estando alta, de modo rígido y en oscilaciones cortas, suele ser indicativo de agresión. Si la mueve de modo relajado y en ondas largas, indicativo amistoso, de un perro más o menos seguro según a qué altura la esté desplazando (cuanto más abajo, menos seguro de sí mismo es el perro).  Cuando la lleva horizontal, no emite señal alguna. Si la porta baja y relajada, es neutral. Cuando la coloca entre las patas traseras, indica miedo, siendo ya pánico si la cola se sitúa cubriendo todo el bajo vientre.  De todos modos, considerar que el husky lleva la cola alta de modo rutinario (a veces aplastada contra el lomo, por tenerla implantada demasiado arriba o por presentar los riñones cortos), y que solo cuando emita otras señales podremos valorar lo que realmente marca con el rabo. Hay razas que la llevan alta y además tensa y enrollada.....valorar su movilidad y el resto de señales antes de emitir un juicio al respecto. Las razas a las que se le amputa el rabo presentan ya un problema de envío de señales. Si además tienen las orejas caídas o igualmente amputadas, el problema se agrava y la comunicación con su entorno se ve seriamente afectada, siendo fuente de constantes errores y peleas, creando una tensión constante en el animal, que no sabe cómo comunicar sus intenciones a sus congéneres y a los humanos que le rodean.......

                           

Cuerpo: la posición del cuerpo con respecto al otro individuo es relevante. El perro que avanza de frente y de modo constante está desafiando o se muestra muy seguro de sí mismo. Si se acerca dando un rodeo, de modo más o menos lento e incluso con pausas, busca contacto amistoso o tiene algo de miedo. Si se mantiene en perpendicular con respecto a alguien que avanza hacia él, se muestra inseguro o puede incluso no desear el contacto. El animal que se eriza completo, o se pone rígido y como de puntillas, trata de aparentar más tamaño del real, para intimidar al contrario. El que se encoge y reduce al máximo, llegando a tumbarse en el suelo a veces, intenta todo lo contrario, se siente intimidado.

                              

Contacto físico: una vez permitido el acercamiento, el modo en que se contacta y las zonas que se tocan son significativas. La colocación de la cabeza/pata (mano, en caso de una persona) haciendo presión ligera sobre la cruz (punto de unión cuello-cuerpo) o lomo indica la intención de dominar la situación del que lo hace. El “dar la pata” de modo espontáneo, con contacto físico o sin él, es una señal de apaciguamiento.

Partiendo de estas señales, nosotros podemos comunicar cosas a nuestro perro cuando queramos interaccionar con él. Acercarnos dando un pequeño rodeo le manda una señal de buenas intenciones. Mirarle y retirar la vista, bostezar, sonreírle, cerrar los ojos un par de veces…… son señales que entiende y que le indican un acercamiento amistoso por nuestra parte. Ponerse de cuclillas ante un perro inseguro le invita a acercarse. Mostrar alguna de estas señales o aparentar desinterés hacia él girando el cuerpo o la cabeza en un momento de tensión o de anticipación de agresividad por su parte pueden detener la agresión antes de que se produzca, si hemos llegado al punto de provocar una situación delicada, sin tener que mostrar miedo o retirada que le afiancen en su puesto (eso sí, replantearnos qué ha pasado para llegar a un nuevo intento de agresión, pues indica que la comunicación entre el perro y el dueño vuelve a fallar).


B) MANEJO PARTICULAR


Una vez contempladas las señales de nuestro perro, trataremos de integrar las más sencillas para nosotros en nuestro manejo diario. A menudo, si se usan con regularidad, se vuelven muy sutiles, y sin embargo el perro las capta a la perfección.
Además, realizaremos las siguientes pautas de manejo, sencillas pero muy poderosas, que serán las que le indiquen a nuestro perro que el escalafón de mando ha cambiado:

Lo primero que hay que hacer es intentar, en la medida de lo posible, aumentar el ejercicio. Y esas salidas deben ser salidas. No basta con ir al parque y sentarse en un banco. Debemos moverlo mucho y a diario para que esté relajado y tranquilo. Es frecuente que los cuadros de hiperactividad y/o episodios puntuales de agresividad se asocien a animales que carecen de estimulación física y mental en su entorno cotidiano. Esto es especialmente importante en animales jóvenes, que tienen más energía. Con los años irá bajando en ese aspecto, pero ahora hay que permitir que el perro se desfogue. Para los machos, sobre todo,  es importante explorar el entorno, los rastros de los animales, las marcas de otros machos, etc., así que en la medida de lo posible, variar las rutas de paseo (no hacer 3 veces al día la misma vuelta, si es posible). Aunque el verde es muy bonito, al  perro no le importa callejear, así que improvisad. La actividad mental (de explorar, y de otras cosas) es tan agotadora como la física, y muchos perros agradecen las novedades y llevan mal la rutina demasiado rígida. Aprovechar para conocer la ciudad y explorar  también sitios nuevos.
El ir de montaña es perfecto, plantearse hacer salidas al campo, aunque sea de vez en cuando, también ayuda. Un modo de hacer ejercicio entre semana dedicando poco tiempo es sacarlo con bicicleta, bien suelto, bien enseñándole a tirar de ella.

1- La comida: para un perro la comida tiene una fuerte implicación social. Es importante lo que se come, dónde se come, en qué orden, y dónde está cada cual durante la comida. El protocolo a seguir para mandar un mensaje claro es sencillo: TÚ COMES ANTES QUE ÉL, Y LE DEJAS SOLO MIENTRAS ÉL COME. No hay más. Prohibido darle de comer desde la mesa. Prohibido que coma antes que tú. Y no digamos ya que coma de tu comida. Según sus horarios de comida, puedes comer primero tú y luego ponerle su plato, o si no son coincidentes o el perro vive en el exterior, llenar su plato, colocarlo en un sitio elevado (altura lavadora, por ejemplo), y comerse una galleta o algo de picar durante un par de minutos, estando tú junto al plato, y por descontado, que el perro lo vea (para un perro lo que no se ve no está ocurriendo). Es teatro, indica que tú comes primero, y él comerá lo que sobre. Una vez hayas comido (o fingido comer), llevas su plato a su sitio (tranquilo y nunca en zonas de paso), lo dejas ahí, y te marchas sin mirar siquiera. El perro debe comer solo. Permanecer junto a su plato mientras come manda un mensaje erróneo: "estoy esperando a que me dejes las sobras". Dar comida al perro desde la mesa manda un mensaje opuesto: "exiges comida y como eres el líder, te la cedo". ¿Has visto alguna vez a un perro dejar que otro meta el hocico en su comida?. Suele suponer una pelea, como mínimo. No somos perros, pero si no mandamos a nuestro perro señales de perro, jamás nos entenderemos.
Si nuestro perro tiene el comedero todo el día a mano, hay que cambiarlo. El an imal que dispone de acceso  libre a la comida sin que nadie se oponga es el líder. Y ese debería ser el que sabe abrir la nevera, no el perro. Ponerle de comer una o dos veces al día, como se prefiera, y pasados 10 o 15 minutos volver y retirar el plato (vacío o no, da igual). Esta señal es muy poderosa.

2- Rituales de bienvenida y separación:  Aquí las meteduras de pata son importantes, y es quizá lo más duro de hacer, pero es muy eficaz. El perro tiene un espacio a su alrededor, igual que nosotros, y ese espacio se puede invadir o no según de quien se trate. Igual que nosotros. Pues entre perros, el líder invade el espacio de otros cuando quiere, pero los otros no invaden el suyo si no han sido invitados. Esto supone que cuando el líder se mueve, los demás están pendientes..... para quitarse de en medio y mantener las distancias, mientras no se les indique lo contrario, ya que si se quedan en zona de paso y los espacios "tropiezan", pueden recibir un castigo. No vamos a castigar al perro por nada de esto, ya se ocupará él de moverse. Pero sí vamos a rechazarle cuando invada nuestro espacio sin haber sido invitado. Cosa que hace casi seguro a todas horas y con todo el mundo.
Cuando llegas de la calle, seguramente se abalanza sobre ti, salta encima, da vueltas a tu alrededor, todo con mucha fiesta…., verdad?. Esto hay que abolirlo. Y si logramos que ni siquiera salga a recibir, mucho mejor, éxito total. Es desagradable porque a todos nos gusta que nos reciban amistosamente, pero será lo mejor para todos. A partir de ahora, cada vez que el animal invada nuestro espacio sin invitación, se le ignorará por completo. Esto implica que deja de existir. No se le mira, no se le toca, no se le dirige la palabra..... como si no hubiese perro. Si salta o monta un espectáculo, podemos darle la espalda e irnos a otro sitio, y fingirnos muy ocupados con algo, si es preciso. Al principio puede haber efecto rebote. Ladra más, salta más, monta más espectáculo. Ni caso. Pasados unos minutos el perro se calma, se queda quieto (como pensando), y se retira a otro sitio a tumbarse (parecerá ofendido, pero da igual). Perfecto. Eso es exactamente lo que debe hacer. Darle unos segundos así, y luego ya sí. Se le puede llamar para que venga y darle mimos y hablarle y lo que se quiera. Pero siempre ha de ser así. Cada vez que el perro viene a nosotros por iniciativa propia, le ignoramos hasta que se aleje y se relaje. Cada vez que queramos algo con él (jugar, mimarle, lo que sea), le llamaremos para que acuda a nuestro lado. Es sutil, pero en el primer caso es el perro quien lleva las iniciativas, y en el segundo somos nosotros. No se trata de querer menos al perro, ni de no poder hacerle caso. Debemos diferenciar el cariño y la amabilidad que queremos mostrarle a nuestro perro del servilismo (que es lo que él está apreciando de nuestro comportamiento hasta ahora). Se trata de hacerle caso llevando nosotros la iniciativa. Debemos mantener este comportamiento en todos los aspectos de la vida del animal, en casa, en la calle.....es el primer paso para lograr que sea tranquilo con nosotros y nos permita ser los líderes (sin enfrentamientos). Un detalle importante, que no siempre es fácil de lograr: esto debe hacerlo TODO EL MUNDO al aproximarse al perro. Ignorar sus fiestas y brincos y llamarle y darle mimos cuando se muestra calmado y como ausente. Explicarle a quien sea necesario que tiene un problema y que solo así podrá resolverse totalmente. Va por la familia y visitas, principalmente. Si alguien no lo quiere entender y no va a cooperar, por su seguridad, es preferible que no toque al perro, y si el animal se pone pesado reclamando atención, comida, etc., tal vez sea más seguro mantenerle apartado de esa persona (llevándole a otra habitación, cerrada, donde permanecerá, mejor con algún juguete y/o hueso de roer. No debe considerarlo un castigo).
Así que cuando  se llega de la calle, se entra en casa y se va a la cocina a hacer un café o algo. Para estar ocupado y permitir que el perro se calme. Con el tiempo es muy posible que ni salga a recibir (está esperando a que se le invite), es el objetivo. Cuando el dueño se va a ausentar debe ignorarle del mismo modo, y  también si le sigue por la casa, y no hablarle ni mirarle ni acariciarlo.
En cuanto al contacto físico general, para visitas y familiares que no conviven con el perro, el modo más correcto de acariciar a un perro sigue  unos pasos: el primero, llamarle. Si no desea acudir, no se debe forzar el contacto. Si acude, ofrecerle la mano para que la olfatee (norma de urbanidad canina, equivale a nuestro “hola”). Si tras eso se marcha, de nuevo dejarle tranquilo, no desea contacto físico. Si permanece a la espera, acariciarle la barbilla, el cuello y el pecho. Son zonas neutrales. Si acepta de buen grado el manejo se puede hacer extensivo el contacto a los flancos y los muslos, así como a la base del rabo (el rascado enérgico de esa zona suele ser bienvenido por casi todos los perros). Y finalmente se puede pensar en la cruz y la cabeza, si sus señales corporales indican que disfruta del contacto. En todo momento vigilar la emisión de señales de incomodidad por parte del perro, si aparecen, detener el contacto: que tenga la opción de marcharse no indica que la vaya a utilizar si alguien le toca donde él no cree adecuado. Podemos extrapolarlo fácilmente pensando  hasta dónde dejaríamos que un vecino que nos visita nos toque a nosotros….. si se pasa, la casa es nuestra, y podemos ponernos de muy mal humor y echarle, no vamos a retirarnos nosotros por evitar la molestia. Todo esto es especialmente importante con  niños, que tienden a tocar en primer lugar a cabeza (a veces sin muchos miramientos, tirando de las orejas o metiendo los dedos en los ojos…. Los estímulos dolorosos justifican una agresión, o al menos, una amenaza, que con frecuencia los niños ignoran), y luego suelen “atacar” el rabo, tirando con fuerza de él. Un perro acostumbrado a niños y sin problemas de rango suele interpretar estos manejos como juegos de cachorro (es lo que son), y puede aguantar más o menos tiempo según su resistencia al dolor, para después retirarse a un sitio tranquilo. Cuando nuestro perro dé muestras de incomodidad o miedo ante niños en casa, no dejemos que la cosa vaya a más, permitir al animal un retiro tranquilo e indicarle a los niños que el perro necesita descansar a solas. El perro dominante aguantará lo que crea necesario (normalmente poco) para después emitir señales de anticipo de agresión (que cualquier cachorro reconocería, haciéndolo desistir en sus juegos) que desembocarán en un mordisco si nadie intercede. Regañar al perro no es la solución, pues el problema es bastante más complejo de lo que aparenta.  Observar siempre las señales de nuestro perro en este contexto, para anticiparnos a sus reacciones.

Si el perro no busca las caricias cuando hay visitas (no viene al llamarlo o viene  y se retira tras saludar), lo ideal es dejarlo tranquilo. Si por algún motivo queremos que se deje manosear por la gente, hay que trabajar ese punto de modo específico y gradual, premiando de modo generoso toda aceptación del contacto físico: proceder como se ha indicado, y cuando el perro se aproxime, ofrecerle golosinas con una mano mientras se le acaricia con la otra, del modo adecuado y con orden. Mejor si estamos de cuclillas, y entre tanto mandamos señales amistosas (girar la cabeza, sonreír, bostezar….).  No todo de una vez y el primer día, sino poco a poco y en sesiones cortas. Solo así el perro asociará el contacto con experiencias realmente atractivas y lo aceptará, a menudo de buen grado. Primero deberíamos hacerlo nosotros y las personas que convivan con el perro, para luego pasar a las visitas y desconocidos, siempre premiando al animal (es quien le toque quien debe premiarlo)  y vigilando sus señales por si la situación se le hace incómoda, dar un paso atrás e insistir en el punto de no incomodidad. Forzar a un animal que no desea contacto a que se deje tocar es provocar una agresión y una experiencia negativa frente a las caricias o los extraños que el perro no olvidará (la siguiente vez su reacción será aun peor). Si además le castigamos, las consecuencias son imprevisibles.

3- Obediencia: la gente suele entender con esto que el perro venga cuando se le llama y poco más, y parece que tienen que aprender por ciencia infusa. Nosotros lo vemos como el aprendizaje por asociación de determinados sonidos (palabras) a determinadas acciones (actos del perro) que facilitan la convivencia y el manejo del animal. En un perro de gran tamaño es muy importante. Y para muchos perros, aprender cosas nuevas es gratificante. Solo hay que hacerlo divertido. A partir de ahora hay que empezar a enseñarle cosas a nuestro perro, no importa lo inútiles y tontas que sean, se trata de ocuparle la cabeza al perro, de enseñarle autocontrol y paciencia, y de mejorar el vínculo entre tú y él, pero siendo tú el que marca las reglas del juego. Aquí necesitamos un motivador (para la mayoría, comida, en pequeños trocitos -queso, jamón, salchicas de frankfurt.... algunos aceptan muy bien un juguete especial, una pelota.…-), que llevaremos siempre encima. Con él conseguiremos que coopere. Y un esquema mental de lo que queremos enseñarle, mejor si lo ponemos por escrito para, digamos, "cumplir objetivos". Sentarse, tumbarse, dar la pata, quedarse quieto, subir y bajar de sitios, saltar, perseguirse el rabo, ladrar a la orden..... lo que cada uno quiera, por complicado que sea, se puede enseñar si se va paso a paso y con paciencia. Hay que pensar en un sonido (la orden, siempre la misma) y en lo que queremos que haga al oírla, y dedicaremos unos minutos (pocos) de cada paseo a esto, mejor todos los días. Lo haremos siempre en sitios diferentes (un perro que aprende a sentarse siempre junto al kiosko, nos hará enfadar cuando le mandemos sentarse en el ascensor.... y no lo haga. Es preciso cambiar el entorno donde se dan las órdenes, la posición de nuestro cuerpo.... para que el perro lo haga siempre en cualquier contexto). Empezamos a enseñarle algo, y repasamos órdenes aprendidas otros días. Siempre en positivo, premiando las buenas ejecuciones o las aproximaciones correctas, y dando tiempo muerto cuando lo haga mal (el mensaje es que esforzarse por hacer las tonterías que le vamos a pedir es beneficioso, pero que solo si las hace hay beneficios, si no las hace, simplemente no obtiene nada, es "castigo" más que suficiente). Un perro que sabe hacer cosas, además de entretenerse mientras aprende y de estar más a gusto con su dueño, tiene más autocontrol (al principio pueden llegar a ser muy impacientes por lograr el premio, y tienen que aprender a escuchar y a atenderte). Y en general se muestra más tranquilo en todo momento, ya que casi seguro que las órdenes acaban siendo útiles en distintos contextos, y le dan al perro un patrón de cómo comportarse en cada situación, lo que le hace estar relajado y pendiente del dueño.

Y básicamente éste sería el manejo concreto:

- Hacer ejercicio diario, cuanto más, mejor.
-  Comer antes que el perro (de verdad o de modo fingido), dejarle solo mientras come, y que no tenga comida disponible a su antojo. Además, recordar que nada es gratis, no darle golosinas/atenciones/juego de modo espontáneo. Pedirle que haga alguna cosa antes de darle lo que desea (las iniciativas de contacto DEBEN PARTIR DEL DUEÑO, no del perro).
-  Manejarse de modo indiferente en torno al perro, no hacerle caso cuando trate de llamar nuestra atención, nos corte el paso, nos salte encima, etc. Esperar a que se separe de nosotros y se muestre tranquilo y a la expectativa, para LLAMARLE y que acuda a nuestra invitación.
- Enseñarle cosas a modo de juego (obediencia).

C) ANEXO

Si el perro problemático es un ejemplar que siempre ha vivido solo en el exterior, bien en una caseta/jaula, bien en garaje, cuadra o similar, la situación es ligeramente distinta. Por un lado tenemos un perro que al vivir aislado del grupo familiar, no ha integrado a sus miembros como parte de la manada, es decir, no entra a considerarlos en su jerarquía. Él sólo constituye su propia manada, de la que lógicamente es el líder. En consecuencia, cualquier interacción con él queda a su criterio, y según la considera interesante o intromisoria, así responderá a nuestro (puntual) manejo, comportándose como si su dueño y el resto de la familia fuesen integrantes de OTRA manada. Puede mostrarse territorial o amistoso, según le convenga en cada momento y según de la persona que se trate y lo que se le intente hacer. Las medidas mencionadas anteriormente tienen poco sentido, por un lado por su imposibilidad de aplicación al entorno del perro, y por otro porque el animal sencillamente no nos considera dentro de su vida. Tan solo la de la administración de comida sería factible, y en algunos momentos, el acercamiento, pero con el hecho presente de que siempre seremos nosotros quienes invadamos su espacio (tal vez sin invitación), lo cual puede dar lugar a reacciones de rechazo por parte del animal.

En casos así, lo primero es tener siempre presentes las señales corporales que envía, para poder estar un paso por delante de sus reacciones. Lo siguiente, tratar de integrarlo en la medida de lo posible en la vida familiar, para poder aplicar las medidas de manejo concreto. Si esto no es factible, realizar las que resulten aplicables según las circunstancias. Dedicar tiempo (mejor si se toman notas) a analizar cuáles son exactamente las situaciones problemáticas, tanto las que desencadenan rechazo o agresión, como aquellas en las que el perro, sin llegar a ponerse agresivo, se muestra incómodo. Una vez determinados los puntos de conflicto, hay que resolverlos uno a uno, con paciencia y constancia, dedicando unos minutos al día a trabajar, mediante acercamientos paulatinos y muchos premios, cada punto que hayamos anotado.

La finalidad en este caso no es colocarnos jerárquicamente por encima del perro (complicado si vivimos en mundos separados), sino establecer una asociación muy positiva con aquellas cosas que le molestan o incomodan mediante el uso de la comida (vale también el juego con aquellos perros que se motiven intensamente con el mismo).

Sirva un ejemplo:

El perro permanece amarrado 23 horas al día. Durante la hora restante se le suelta por la finca, por donde deambula a su antojo sin relacionarse con nadie. Al terminar el plazo, le llamamos para atarlo. No viene. Incluso “remolonea”. Nos enfadamos. Vamos a buscarle. A veces le regañamos. Le sujetamos del collar y le llevamos a rastras a su sitio. Con el tiempo, el perro sigue sin venir, pero además al sujetarle del collar se vuelve e incluso intenta morder.

Regañarle más o castigarle solo contribuye a empeorar la situación. Morder o mostrarse agresivo cuando se le pone la mano en el cuello es un problema frecuente en muchos perros, especialmente si viven en el exterior, solos. Para el perro, esa mano tirando del collar es una indicación de dominancia primero (por parte de un miembro de OTRA manada, recordemos), y un ataque en toda regla lo segundo (los perros, cuando pelean, tienden a morderse en el cuello). Así que procede defenderse. Cada vez que repetimos esta secuencia, nuestro enfado, nuestra nula respuesta a sus señales de apaciguamiento (ese “remoloneo”, andar de lado, husmear el suelo, hacer señales de invitación al juego…. Seguramente el perro ha enviado todas esas señales, y más), y finalmente nuestra sujeción brusca del cuello le llevan al animal a temer el contacto, y finalmente, a anticiparse a él defendiéndose directamente.

Para cambiar eso, el método es sencillo. Dedicar algo de tiempo al animal mientras está suelto. Jugar con él, con palos, una pelota, una toalla vieja con la que forcejear, echarse una carrera con él arriba  y abajo….. estableceremos una relación amistosa en lugar de lo que el perro veía anteriormente. Hacer algunas órdenes de obediencia en esos momentos también está muy indicado, premiándole siempre con entusiasmo y juegos y/o golosinas.  Lógicamente, incluir en esa obediencia la llamada, pues probablemente no se le ha enseñado apenas, y solo se ha usado para indicar “fin del esparcimiento”. Llamada = a “atado de nuevo” es una asociación negativa que el perro tratará de evitar a toda costa. Si se le llama repetidas veces por el terreno, algunas en torno al amarre pero sin atarlo, y premiando siempre sus progresos, corregiremos esa asociación inicial. Finalmente, dedicar un rato al cuello. Ofrecer premios con una mano mientras la otra se aproxima al collar, siempre poniéndonos en cuclillas (para no mandar una señal de dominancia con el contacto), y aproximando la mano por la parte baja del cuello, no por la alta. Si el perro se pone nervioso o rehuye, dar un paso atrás: acercar la mano algo menos del punto de incomodidad, y premiar por permitir ese acercamiento. Ir disminuyendo paulatinamente la distancia de la mano a lo largo de varios días, hasta que deje tocar sin problemas, y probar a guiarle con el collar CON UNA GOLOSINA DELANTE DEL HOCICO, para evitar así el arrastre. Educarle a caminar con correa, aunque nunca se le saque de la finca, nos permite facilitar este momento, ya que podemos atarlo y andar con él amarrado de un lado a otro, ofreciendo premios y juegos por cada avance junto a nosotros, soltándolo y volviéndolo a atar, para finalmente guiarlo hasta su sitio habitual.

Facilitar cosas que estimulen al perro mientras está amarrado las restantes 23 horas también es importante. Juguetes de caucho rellenables de comida (conos, cubos…. Hay varios modelos), huesos de caña, alguna pelota fuerte y grande…. Lo que se nos ocurra para que el animal no esté totalmente inactivo durante ese tiempo, y para que estar en su sitio no sea totalmente negativo (por el aburrimiento y la inmovilización que supone). Si el animal ladra con frecuencia durante mucho tiempo y sin razón aparente, esto puede corregir parcialmente el problema (el ladrido insistente por aburrimiento es muy frecuente en perros que viven solos).

Siguiendo este patrón, habría que corregir cada problema (tanto manifiesto como latente, la expresión corporal del perro nos indicará cuáles son los problemas que aun no han dado agresión pero pueden darla) uno a uno, con paciencia y método, con el fin de lograr un perro que busque y agradezca el manejo por un miembro de otro grupo social sin necesidad de rechazarlo, pues al reportarle beneficios, será el primer interesado en cooperar.

En todo caso, y al igual que se ha mencionado antes, mucha precaución con los extraños que se acercan al perro, especialmente si está atado y no puede evitar el contacto. Si no proceden como se les indica, y las señales del perro son de incomodidad, no tentar a la suerte para luego culpar al animal por “malo”. Es nuestra responsabilidad como propietarios lograr que nuestro perro esté bien integrado en nuestra sociedad y se habitúe a los manejo cotidianos, y si por algún motivo esto no es totalmente posible, somos al menos responsables de sus actos, si vemos previsibles ciertas reacciones negativas por parte del animal, tenemos que poner todos los medios a nuestro alcance para que no afecten a terceros, por el bien de todos, incluido el propio perro.
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